Un deseo de Poesía

Por Mara Vascchetta Boggino

 

Les confieso que me reconozco en todas las reflexiones a las que arribó Lacan sobre el deseo del analista.

Creo que todos vivimos esa  experiencia cuando los dichos del analizante nos fertilizan, nos fecundan. Me parece que la mejor manera de acceder a ese estado de Libertad, de desembarazarnos de nuestras identificaciones más acendradas, es en la lógica del objeto “a”, procurando así, la “diferencia absoluta”.

La esencia de la Verdad es la libertad, dice Heidegger, libertad que posee al hombre y que hace posible la Verdad como descubrimiento del ente, por medio del cual tiene lugar la apertura”.

No me parece ajeno tampoco el pensamiento de Bergson a propósito que el deseo del analista sea “deseo de saber”. Porque el saber a qué atenerse ( sea de parte del analista o del analizante), salva al hombre del naufragio de la vida.

“El humano está obligado al saber, pues éste es el acto que le salva del naufragio de la existencia”, dice Bergson.

Creo también que esta libertad absoluta (bah… absoluta es una meta a procurar, no algo lograble) es la mejor predisposición para sumergirnos en la Verdad, la verdad del Otro.

Permítanme que les recuerde que los griegos creían que la Verdad era “descubrimiento”: la Verdad del ser, como oculto por el velamiento de la apariencia. La Verdad es patencia (cualidad ó condición de lo que es patente ó manifiesto). Para Platón la Verdad se aplica primero a la cosa. Y entonces Heidegger acusa a Aristóteles (para quien no hay Verdad sin enunciado, fuente del “adecuatio rei et intellectus”, de los escolásticos) acusa que por su causa, Occidente perdió la posibilidad de sumergirse en la fuente ,para que desnudos seamos permeados por el Ser.

Entonces creo que “somos ahí donde no pensamos” y a la hazaña de bucear por esos arcanos, es a la que nos invita Lacan al pretender la diferencia absoluta. Porque lo “Real” está fuera del ordenamiento del significante, algo del orden de lo inhumano. En mi experiencia tanto como paciente o como analista, el forzamiento, la transgresión, no  fueron sin el significante, pero tampoco sin la ayuda de los dioses!

  Si  Poesía es darle por primera vez un nombre a las cosas, creo que el analista en la más absoluta libertad que alcance, llega hasta las oleadas del goce imposible de su analizante y hace poesía. Y acá, no hay Comités de Etica del Otro de no existe que sea válido. Si el analista logra la división subjetiva del Otro, nombrando su goce, es analista. Si saca encima del pantano, el dedo levantado  del San Juan de Leonardo para señalarle al otro  el horizonte deshabitado del ser.

Por eso creo que la Poesía, como dice Hölderlin, es el fundamento de nuestra existencia.

Y lo dicen también los guaraníes según nos cuenta León Cadogan en Ayvú Rapytâ refiriéndose al habla : “Nuestro padre hizo que se abriera como una flor, la palabra fundamental”.                                

Creo entonces que el poeta y el guaraní habitan una experiencia religiosa. Y al analista entre la Tecnociencia y el Capitalismo,  le es dada la misión de que los Dioses -lo inconsciente- no huyan todavía y tal vez pueda traérnoslos de vuelta!

En este contexto recién se entiende a Lacan cuando dice “El analista cura menos por lo que hace que por lo que es”.

Anuncios

De Posición del Inconsciente

Por Daniela Gaviot

Posición del Inconsciente es un texto que recoge una reconstrucción de las intervenciones de Lacan en el Congreso de Bonneval que reunió psicoanalistas y filósofos para debatir sobre el tema del inconsciente freudiano, en 1960. A pedido de Henri Ey  en marzo de 1964 Lacan escribió sobre aquellas intervenciones para que ello fuera publicado en un libro que se llamó El inconciente. La versión final, con sustantivas modificaciones fue publicada en los Escritos en 1966.

Cabe señalar que el contexto de su escritura coincide con lo que él denominó su excomunión de la IPA ocurrida a fines de 1963 y dos meses después de haber iniciado el dictado de su Seminario 11 Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis y poco antes de la fundación de su Escuela. De este modo Posición del inconsciente conmina a cada uno a tomar una posición frente a su enseñanza en torno a la formación de los analistas, y como lo anuncia en la primera clase del Seminario 11 a sostener una praxis que implique el tratamiento de lo real vía lo simbólico.

Surge allí el inconsciente como pulsación temporal, se abre y se cierra describiendo una estructura de borde que para Miller a esta altura de la enseñanza de Lacan implica homogeneizar el inconsciente a las zonas erógenas. Y es a partir de la experiencia de cierre que propone a los psicoanalistas abrir el debate sobre la causa del sujeto y en esta vía intento localizar el encuentro de la pulsión con lo real.

Al referirse en este escrito a la constitución del sujeto presenta una primera dupla: el Sujeto y el Otro. Existe un sujeto a partir de un Otro que no es el semejante sino que es el lenguaje en términos de batería de significantes y describe una dinámica que implica que este sujeto se constituye en una doble causación y una doble falta. Para ello Lacan utiliza la lógica simbólica de los conjuntos a partir de dos operaciones fundamentales, la enajenación, aquí habla de enajenación y no de alienación como en el Seminario 11,  y la separación. A la primera enseñanza de Lacan que explica al sujeto como efecto de la cadena significante, acá se trata de la aparición del sujeto como efecto del objeto.

La primera operación, la enajenación es enunciada de la siguiente forma: “El significante produciéndose en el lugar del Otro… hace surgir allí al sujeto, del ser que todavía no tiene palabra, pero al precio de coagularlo. Lo que había allí listo a hablar… desaparece por no ser ya más que un significante”.  La alienación oscila entre el,  o bien la petrificación a un significante, o bien la afanisis, cuando el segundo significante se le encadena. La estructura lógica de la enajenación es la de un vel,  que significa reunión.

Hay dos conjuntos, el ser y el sentido y un elemento en común el inconsciente como sin sentido. Al querer conservar una de las partes la otra desaparece igualmente,  ni lo uno ni lo otro. Si el sujeto elige el ser, pierde el sentido, y si elige el sentido, si acepta esa significación engendrada por un segundo significante, se produciría su afanisis y perdería el ser; la alienación se ordena en función del binarismo significante.

La separación, es la segunda operación en la que se cierra la causación del sujeto y que en lógica significa intersección o producto. “Para guarecerse del significante bajo el cual sucumbe en la enajenación, el sujeto ataca la cadena,  en su punto de intervalo.” El sujeto encuentra una falta en el Otro, en los intervalos del discurso del Otro, me dice eso pero ¿qué quiere?. El sujeto aprehende el deseo del Otro en lo que no encaja, en las fallas y “Lo que va a colocar allí es su propia carencia bajo la forma de la carencia que produciría en el Otro por su propia desaparición”.

El primer objeto que propone es su propia pérdida, ¿puede perderme?, superposición de faltas y como  producto de la intersección y resultado de la separación, surge el objeto a. Es en el intervalo entre S1 y S2  “que el sujeto hace la experiencia de Otra cosa”. En la intersección de la falta del sujeto y la falta del Otro, se introduce la pulsión, en ese lugar del vacío viene a inscribirse un objeto. Y es en Posición del inconsciente que formula el “mito de la laminilla” para nombrar a la libido y dar una articulación simbólica a lo  real.

Enrique Acuña plantea en “Un objeto irreal que sin embargo se encarna” del libro Las paradojas del objeto en psicoanálisis que Lacan inventa un nuevo mito que viene al lugar de lo inexplicable, al límite de lo conceptual y  lo opone al mito de Aristófanes en El banquete de Platon, que cuenta una época primitiva con tres sexos, el masculino, el femenino y un tercero, el andrógino del que participaban el masculino y el femenino; seres de forma esférica que fueron partidos en dos por castigo de los dioses y desde entonces cada mitad busca recuperar su complemento gemelar via el amor y la persecución de ese todo.  Mientras que el mito de Lacan explica que cada vez que se rompen las membranas del huevo de donde va salir el feto,  se escapa algo, la placenta, que con la sección del cordón lo que pierde el recién nacido es su complemento anatómico. La laminilla es esa parte del viviente que se  pierde  por estar sometido al ciclo de la reproducción sexual.

La libido lacaniana no es el amor del discurso de Aristófanes como una fuerza vinculante que va del yo al otro,sino que actúa entre el sujeto y su pérdida. Es lo que vincula el sujeto al objeto perdido, pero ese objeto no es el partenaire, no es la relación con el Otro sexo. Esta libido representa la matriz de este objeto perdido y todas las formas del objeto “a”  no son más que sus representantes, sus figuras.  Define a la libido como un órgano que se articula a la estructura de montaje de la pulsión en su recorrido de ida y vuelta. Un órgano que es irreal, que no es lo imaginario y que en Posición del inconsciente le da un estatuto real y causal:

“Este órgano…precede a lo subjetivo condicionándolo por estar directamente enchufado a lo real” y relaciona  la emergencia de la pulsión con la separación:

“Ese órgano de lo incorporal en el ser sexuado, eso es lo que del organismo el sujeto viene a colocar  en el tiempo en que opera una separación….vendrá a ese lugar el objeto que `pierde por naturaleza el excremento o  los soportes que encuentra para el deseo del Otro: su mirada, su voz” y la pulsión contorneará a esos objetos  para en ellos recuperar, restaurar su perdida original.

En el capítulo “Las migajas del goce”, del Curso de Miller La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica, dictado en 1998-99 presenta la alienación como una lógica de entrega de un sujeto del significante reducido a una falta de significante, esto es, el conjunto vacío, la introducción del objeto a responde a dicha  falta, lo que torna necesario sustituir el sujeto por el cuerpo vivo, el cuerpo sexuado. Por esta falta real, esa pérdida natural es posible incluir los objetos de la pulsión que colman esta pérdida de vida.

Allí donde estaba el sujeto vacío adviene el objeto perdido, como causa del deseo, como resto imposible de simbolizar, agujero frente a lo cual el psicoanálisis responde con la hipótesis del inconsciente, una hipótesis sobre lo causal de este elemento que quedó por decir.-

Las bodas con la pulsión (*)

Enrique Acuña

 

Señalo que como siempre los casos de urgencia me enredaban mientras escribía esto. Escribo sin embargo, en la medida en que creo deber hacerlo, para estar al día con esos casos; para hacer con ellos el par. J. Lacan

«La angustia siglo XXI» es un tema que pusimos en juego en el programa de las Conferencias hospitalarias el año pasado, porque hay una permanencia de temas freudianos y lacanianos en relación a diagnosticar la situación de cada «época». La angustia es un antecedente a este segundo eje que vamos a tomar este año que es la pulsión. La angustia siglo XXI, se podría matizar con la vieja pulsión y el accionar del psicoanálisis frente a ella. Cómo se responde frente a esto que uno podría definir de entrada como un «hecho vacío de palabras», pero que tiene en tanto hecho, una estructura posible, potencial de articularse a lo inconsciente.

¿Vivir la época o vivir la pulsión?

En el programa del curso de verano, la pulsión aparece al final con relación al síntoma porque pensamos en el recorrido de la experiencia con el analizante. Se comienza por sacar a un sujeto de su pertenencia como individuo de una masa y que no es sujeto del inconsciente aun. Porque cuando viene alguien a vernos, lo hace como persona que es parte de un colectivo social con determinados ideales, con una teoría de lo que va a ocurrir en el análisis, ya están moldeados por la significación social en la medida que el psicoanálisis ya fue incorporado por la cultura. El analista extrae al sujeto de esa masa de individuos, por eso el tema de la segunda clase es «La sociedad angustiada». Luego seguimos con «Los nombres del yo: la falsa identidad» que se refiere a que esos individuos vienen ya nombrándose con respecto a que hacen un diagnostico de su malestar, pero se nombran en tanto yo, con los nombres que el otro social le da a su malestar. Estos nombres son un listado de clasificaciones como ataques de pánico, adicciones, etc. Son atribuciones del yo, pero son falsas identidades, por eso requiere distinguir la identificación a otra cosa, ello supone algo que es un resultado, una operación de nombrar. Luego la cuarta clase «Los nombres del Otro -una creencia que sabe»- quiere decir, que a este sujeto extraído de la sociedad que había sido individuo y que ahora es sujeto del inconsciente, se le supone una creencia en el inconsciente que permite descifrar ese malestar. La última clase se trata de la experiencia del fin, de la articulación del síntoma con la pulsión, del síntoma en tanto es un nombre del Otro del inconsciente, no es el nombre del otro social. Se toma el vacío pulsional de un modo diferente, y hay que ver si reduce la pulsión. Es el problema de si la pulsión es una reducción, un resto al final de la experiencia en tanto desimaginariza el teatro yoico y causa un desmontaje de la pulsión. Quiere decir que se ha montado en la entrada en la creencia con el Otro, se ha dicho algo de ese hecho vacío, y luego se ha desmontado, se ha perdido el brillo de ese montaje.

El Otro barrado: angustia o síntoma

Titulé la primer clase «Presentación y orden de razones: el Otro barrado». Se trata de cómo se juega una dialéctica entre un primer momento sin sentido -es la angustia causada por el movimiento de la pulsión alrededor de un vacío- y un segundo del montaje de un relato significante que des-angustia. ¿Qué es la pulsión en una determinada época? Lacan lo dice irónicamente «¿cómo vive una época la pulsión?, de modo que lo mortífero es vivificante según de donde uno lo mire, y se disuelve así la idea de que el modelo pulsional freudiano es oposición entre pulsión de vida y pulsión de muerte. Mejor se traza como una banda de Moebius donde se disuelve el dualismo, vida y muerte son un verso y reverso. En nuestros esquemas didácticos, pensamos el modelo pulsional como un sistema dualista que implica formulaciones de opuestos. Mientras que en un sistema topológico como el que intenta localizar Lacan -por ejemplo con el ocho interior donde el objeto es externo e interno a una cadena- se trata de la construcción de un sujeto que está dentro y afuera según la perspectiva. De ese modo pulsión de vida y pulsión de muerte se juntan en la frase «vivir la pulsión». La segunda pregunta es si puede haber síntoma sin inconsciente. Es correlativa a un desarrollo que hace Laurent acerca de que nuestra época es delirante porque se plantea como normal que puede haber conflictos sin interpretación, se ha perdido el espíritu crítico del conflicto. En un artículo titulado «El delirio de un inconsciente sin síntoma», retoma aquello de Lacan que todo el mundo está loco, que todo el mundo delira, porque el conflicto no es interpretable, significa que hay momentos en la historia de las ciencias donde las respuestas al conflicto empiezan a ser otras que no sea la interpretación del síntoma por el lado de un Otro que descifre. La subjetividad de una época no está determinada por las condiciones del psicoanálisis, sería confiar demasiado en el discurso analítico. Existe la producción del sentido por otros discursos. En «Una fantasía», conferencia incluida en el libro Punto Cenit- Política, religión y el psicoanálisis– de J.-A. Miller, diagnostica la época en la que no hay una prevalencia de los ideales por sobre los sufrimientos y satisfacciones de cada uno. Esta era la confianza freudiana en El malestar en la cultura, que el aparato cultural iba a producir símbolos que domestiquen las pulsiones. Miller toma como contrapunto a esta idea freudiana un texto de Lacan, de los años ´70, «Televisión», donde dice que lo que caracteriza a la época es la famosa elevación al «cenit social del objeto a». Ahora, en la época de la tecno-ciencia, para todos hay objetos técnicos que dan satisfaciones sutitutivas.

grafico bodas 1

Lacan invierte el planteo freudiano y la pulsión como objeto «a» pasa a prevalecer sobre el ideal, objeto «a» en términos de un objeto técnico que viene a suturar cualquier división. El psicoanálisis se debe adecuar a esto. Ya no hay un analista simbólico como el freudiano que domesticaría con palabras el agujero de la pulsión, ni tampoco un analista solamente imaginario que daría sentido a todo. Un analista debería responder desde lo real, es decir de lo que no esta aun nombrado. Si bien Miller plantea esta época comandada por objetos técnicos, no pierde de vista que perdura el síntoma, entonces hay un analista que responde como sinthome, que pone en juego tanto lo simbólico, lo imaginario como lo real, que tiene que manejarse con los objetos técnicos. Ejemplo de esto es que un analista no puede evitar la posibilidad que su analizante, a veces, recurra a los psicofármacos, y tiene que responder a eso. Si es verdad que es una época en la que hay un empuje, hay que ver por qué se utiliza esa palabra. Freud usa la palabra drang para esto.¿Porque habría un empuje a consumir estos objetos técnicos? ¿Por qué Freud diferenciaba el trieb pulsional, el Instinct del instinto del drang del empuje que tiene el movimiento pulsional?

La balanza de los nombres sinsentido

Se puede situar y diagnosticar esta época como balanza. Una balanza que oscila entre el empuje a un infinito sentido, y un efecto reaccionario a ese infinito. La reacción a este empuje es la época de la evaluación, que podría tener dos ejes; el de las clases y el de las leyes en el sentido jurídico, son dos formas de limitar ese empuje en donde el sentido podría desencadenarse al infinito. Este infinito del sentido no es «tengo más objetos técnicos», es «tengo infinitos sentidos» como algo que yo puedo usar ad hoc, a disponibilidad. Como si hubiera una estructura cuya disponibilidad significante fuera infinita. De modo que nuestra época oscila como un péndulo dialéctico entre:

grafico bodas 2

Tenemos este universo del «infinito femenino» que supone la ilusión que hay goces muy diversos sin límites. Por eso es una época cuyo paradigma sería «adictivo» porque ofrece infinitos sentidos como los objetos técnicos disponibles que no necesariamente son las sustancias, la droga, sino el consumo del sentido. Pero resulta que el mismo dispositivo del psicoanálisis puede favorecer ese goce de sentido como un bla, bla, bla.

A contragolpe surge «la ideología de la Evaluación» (Jean-Claude Milner) que complementada por las clases y las leyes jurídicas, le dice al sujeto «este es tu nombre» y a la economía del mercado que ello satisface. Objetos disponibles quiere decir para mi centro de invención del lenguaje, no uno para cada uno, sino cualquier sentido disponible al infinito. Es un problema porque la feminización del universo actual sería como disponer de infinitos sentidos que permitirían goces infinitos, una paleta de muchos colores para poder gozar. Frente a ello esta la jaula del lenguaje clasificatorio que viene de una suerte de ciencia. Si a la multiplicidad de goces y sentidos se oponen la multiplicidad de nombres, se podría decir que hay una relación simétrica y especular entre el infinito femenino y las infinitas clasificaciones.

Hacer pareja con la pulsión

Lacan ha tomado muchas veces la palabra urgencia, como «urgencia subjetiva» que se caracteriza por la ruptura de una cadena simbólica, o sea que alguien que había vivido su vida más o menos con un cierto tempo narrativo de sí mismo, como una psicopatología cotidiana, irrumpe en un silencio, corte de un antes y un después, un agujero que rompe su narración. En el «Prefacio a la edición Inglesa del Seminario 11» va a decir que hay un inconsciente transferencial, significante y otro real a partir del es pulsional freudiano. La estructura significante esta comandada no por el significante sino por el objeto. En el capítulo «La sexualidad en los desfiladeros del significante», del Seminario 11 presenta el es pulsional freudiano como la realidad sexual del inconsciente. El es pulsional ocupa un lugar, se puede escribir, por eso el sujeto es una topología de un ocho interior, es un borde de lo que queda por decir y a la vez una representación opaca. Si hay un inconsciente real y un inconsciente transferencial, el real aparece en la transferencia como obstáculo. Freud lo describió sin representación. Lacan puede homologar la estructura de la pulsión con esa topología del sujeto, por lo que va a decir que Freud nunca habló ni de la pulsión como un instinto, ni tampoco como un trauma, sino que le dio más importancia al trieb del que dice que tiene un punto de partida y una meta, trayecto en el que hay un orificio y un borde, y que lo que empuja es el drang que lleva a encontrar nada. Lo que interesa en esa meta, al bordear eso, es crear un espacio vacío.Todo eso genera un vacío, como el que hace el alfarero cuando crea el borde de un espacio. Si alguien quiere satisfacerse en lo pleno, apenas se vuelve pleno resulta que es necesario volver al vacío para mantener el deseo vivo. Lo que sabe un adicto es que cuando no hay más droga hay una satisfacción paradójica, a la que tiende ese movimiento pulsional, que va de lo pleno a lo vacío y hace que la pulsión se satisfaga en su recorrido y no en el objeto logrado. Cuando Lacan plantea la «urgencia subjetiva», dice que el inconsciente es un espacio del lapso, que él encontró que lo urgente en un psicoanálisis tiene que ver con eso, con que alguien hable dividido. Estamos en un momento de la enseñanza de Lacan en el que se trata de hacer el par, quiere decir entenderse y estar de acuerdo, al fin por ejemplo, síntoma y pulsión. El fin supone el acuerdo del síntoma con esa pulsión, aceptar que puedo ser pareja de mi síntoma, lograr un cierto acuerdo con eso que parecía su horror.

De ahí también el problema del valor de ese hecho pulsional, porque si me pongo de acuerdo con la pulsión, no la justifico, acepto que fui cómplice de haber gozado de eso, pero no se domestica nada, porque eso si sería estar del lado de la evaluación, de las leyes, etc. Si acepto que ese infinito con el cual soñaba que me provoco el síntoma, es «un par» con el cual tengo un acuerdo, hay un artefacto acordado.

La pulsión como tesoro significante

«Subversión del sujeto…» es un escrito que alegoriza en el grafo del deseo el recorrido de un análisis. Acá se comienza, acá se termina, se pasa por la angustia, se pasó por el S (A) tachado, etc. El título de la clase «S (A) tachado» tiene que ver con el modo en que Lacan va a mostrar en ese grafo, como se atraviesa la pulsión y la angustia. Hay dos indicaciones interesantes, la primera es que en el grafo tres dice que alguien se hace preguntas durante un análisis y encuentra respuestas, más o menos dolorosas y sufrientes, o sea que la pregunta que puede hacer alguien en un sueño tiene una respuesta en un fantasma a veces; entonces pone del lado derecho del grafo las preguntas y del lado izquierdo las respuestas. En la parte superior ubica lo que ocurre cuando uno entra a un análisis y en la parte inferior lo que ocurre cuando uno está como individuo en la masa, apretado por el ideal social. Llamé S(A) tachado a esta primera clase porque un análisis comienza cuando un sujeto cree en el inconsciente. Pero si esto queda en el primer piso del grafo es una psicoterapia, inmediatamente va hacía un ideal social. Un análisis puede empezar cuando alguien habla, desprende un significante y el inconsciente empieza a responder con algo enigmático que es un deseo. Y este deseo como enigma, se transforma en una demanda pulsional. En «Subversión del sujeto…» hace un grafo tres, en donde al enigma del deseo se responde con un fantasma y otro grafo completo donde dibuja la demanda pulsional a la que se responde con el S (A) tachado. Si vivo alegremente la moda de la época, S(A) tachado es angustia, si estoy en análisis S(A) tachado es la experiencia de la falta de un significante que nombre a todo el conjunto de significantes. Podríamos leer ese momento de Lacan a partir de las dos vías posibles de la experiencia del S(A) tachado: como una experiencia de la falta de significante en el análisis, y como la experiencia de la angustia. La experiencia de la falta de significante –impotencia- termina en angustia. Luego dice: «el grafo inscribe que el deseo se regula sobre la fantasía así establecida, homólogo a lo que sucede con el yo respecto a la imagen del cuerpo». O sea que ese fantasma esta regulando el deseo como se regula el yo con la imagen del cuerpo. Pero lo único que se puede hacer si no se introduce el deseo del analista como diferencia – para que no respondan con el cuerpo y la imagen, ni el deseo igual fantasma- es psicoterapia. Continua: «Digamos para proseguir la metáfora de Damourette y Pichon sobre el yo gramatical aplicándolo al sujeto al que está mejor destinada, que la fantasía, es propiamente «paño»de ese yo (je) que se encuentra primordialmente reprimido por no ser indicable sin el fading de la enunciación (…) Se concibe mejor en nuestra deducción que haya habido que interrogarse sobre la función que sostiene al sujeto del inconsciente, al observar que es difícil designarlo en ninguna parte como sujeto de un enunciado, por consiguiente como articulándolo, cuando no sabe ni siquiera que habla, de donde el concepto de la pulsión donde se la designe por una ubicación orgánica, oral, anal, etc. que satisface esa exigencia de estar tanto más lejos del hablar cuanto más habla».

El psicoanálisis como un par

Si uno está en análisis todo enunciado puede remitirse a una enunciación, a otra cosa que no está dicha. De modo que toda exigencia de sentido va a ser imposible de satisfacer porque ya el lenguaje esta duplicado entre enunciado y enunciación. Es decir que en análisis se experimenta que la exigencia pulsional de la demanda, su sed de sentido, no va a ser satisfecha: hay algo lógicamente imposible. Termina diciendo: «Pero si he hecho un grafo completo nos permite situar a la pulsión como tesoro de los significantes». Lo llamativo es que cuando todos creíamos que el tesoro del significante era el A, es la pulsión donde está el tesoro del significante, pero en la medida en que reduzco el goce a la castración, o sea limito la exigencia de la pulsión, su anotación como S tachado ($) rombo demanda (D).

La división del sujeto frente a la exigencia de la demanda pulsional, supone que esa D pide más y por lo tanto divide. Por eso la demanda pulsional no es solamente demanda de decir sino de hacer, la compulsión lo dice en la frase «no puedo dejar de hacerlo». «No puedo dejar de decirlo» sería un segundo momento. Finalmente sería «No puedo dejar el análisis», cuando el análisis se vuelve esa alteración de sentido adictiva. Entonces, el famoso diagnóstico de la época como adictiva, hay que pensarlo no solo por el lado de sustancias químicas, sino por la sed de sentido, que se limita porque en el fin, se cambia de discurso como se cambia de raza: se satisface con el psicoanálisis como un nuevo par.- (*) Clase inaugural del Curso de Verano Síntomas sin inconsciente? El psicoanálisis no sin el Otro -Clínica de la angustia al deseo- dictada el miercoles 6 de febrero en la APLP bajo el título: «Presentación y orden de razones. El Otro barrado.»

 

(*) Clase inaugural del Curso de Verano ¿Síntomas sin inconsciente? El psicoanálisis no sin el Otro -Clínica de la angustia al deseo- dictada el miércoles 6 de febrero de 2013 en la APLP bajo el título: «Presentación y orden de razones. El Otro barrado.»

Establecimiento Marcelo Ale

De la pulsión a-sexual al goce femenino

Por Leticia García

 

Inconsciente y pulsión

El inconsciente freudiano en tanto sistema, siempre estuvo formado por “contenidos” que no eran otra cosa que los “representantes de las pulsiones” (Freud los llamaba “representantes-representativos”). Las pulsiones situadas en el límite entre lo somático y lo psíquico, se expresaban vía las formaciones del inconsciente.

En cambio Lacan al comienzo de su enseñanza (1953), resitúa el valor perdido de dichas representaciones, devolviéndole la centralidad a lo simbólico en la experiencia del psicoanálisis con la función de la palabra en el campo del lenguaje. Da un estatuto estructural al inconsciente con su combinatoria significante, separando al sujeto del yo y ubicando a la pulsión con sus objetos por fuera del registro simbólico, en el registro de lo imaginario y obstruyendo el acceso al inconsciente. Esta conceptualización desarticulaba a la pulsión de lo inconsciente simbólico, con el riesgo de volver a la experiencia analítica una mayeútica.

Diez años después, en el Seminario 11, Los cuatro conceptos fundamentales (1964) Lacan planteará la realidad del inconsciente como sexual. Una sexualidad que sólo se realiza por el pasaje de las pulsiones siempre parciales por las redes significantes. Acá entra en función el cuerpo, como un aparejo con orificios donde empalma el vacío que recorta la pulsión en su circuito (objeto a) con la hiancia del inconsciente.  Cito: Pues bien, la pulsión desempeña su papel en el funcionamiento del inconsciente debido a que algo en el aparejo del cuerpo está estructurado de la misma manera, debido a la unidad topológica de las hiancias en cuestión.” (pág 188) Las pulsiones, en tanto que parciales, no ordenan modalidades de goce que permitan nombrarse/identificarse como hombre o como mujer.

El objeto a es a-sexual por estar más allá de la lógica fálica: es un resto que se volverá (en la enseñanza de Lacan) un plus, éxtimo al sujeto.

Vuelvo un momento a Freud para recordar lo que señala sobre la libido, que es siempre masculina y activa, volviéndose un problema ubicar la sexualidad femenina. Es  ahí donde se introduce el mito Edípico para poder dar razones de la construcción de la sexualidad con las distintas salidas para hombres y mujeres (estas últimas presentando diferentes posibilidades)

Enrique Acuña en la clase del 23 de agosto de su Curso Anual “Lacan y las mujeres-Psicoanálisis y feminidad” recordaba el valor que da Lacan al mito en el Seminario 11: la pulsión requiere del mito como montaje significante para velar lo real – real que continúa definiendo como imposible-. La pulsión mitifica lo real y nos da acceso a él.  Pero los mitos, además, al estar situados en el campo del Otro (con mayúscula), establecen cómo vivir la pulsión, es decir, qué hacer como hombre o como mujer. El gran mito en relación a esto es el del Edipo dirá Lacan a esta altura (con el eje en la castración). Se tratará entonces, de situarse en relación a un significante privilegiado, que vela la falta, que es el significante fálico: como teniéndolo o siéndolo. Pero lo que quiero remarcar es que todo sujeto encuentra la causa de su deseo, el objeto a, en el Otro.

En “La significación del falo” (1958), leemos: “decimos que es para ser el falo, es decir el significante del deseo del Otro, para lo que la mujer va a rechazar una parte esencial de la feminidad, concretamente todos sus atributos en la mascarada. Es por lo que no es por lo que pretende ser deseada al mismo tiempo que amada. Pero el significante de su deseo propio lo encuentra en el cuerpo de aquel a quien dirige su demanda de amor.”

“El hombre sirve de relevo para que la mujer se convierta en ese Otro para sí misma, como lo es para él.” (Escribe en “Ideas directivas para un congreso sobre la sexualidad femenina”-1960 -pág. 711) Ser Otro para sí-misma, Otro que contiene su objeto causa de deseo. Es decir, la mujer requiere del relevo del hombre para poder saber sobre ese real –objeto a- que experimenta. “amo en ti algo más que tú -el objeto a minúscula-.”

Dualidad del goce femenino

A la altura del Seminario 19…o peor( 1971/72) Lacan ya introdujo la equivalencia entre inconsciente y pulsión, estos dos términos tienen un origen común como efecto de la incorporación de la palabra en el cuerpo, en tanto los propone como “afectos somáticos de lalengua” (todo junto). El encuentro de lo simbólico con el cuerpo ( carne o viviente) desprende al objeto a, como un efecto de goce-sentido –ya no separados o divergentes y opuestos como al comienzo de su enseñanza-.

Y encontramos el comienzo de la escritura de las fórmulas de la sexuación alrededor  de la pregunta ¿Cómo se relaciona el universal hombre con el universal mujer? pregunta que tiene como telón de fondo el planteo de la no existencia de la relación sexual. Dirá que: Lo que sí los relaciona es el hecho de que en ambos lados de la fórmula está jugándose la función Phi mayúscula ( f de x ). Esto quiere decir que “Lo relativo al registro del acto sexual depende de la función fálica” (pag 98). Entonces, si siempre hay función fálica, entonces con qué o cómo diferenciar a ambos partenaires? Acá comienza a tomar cada vez más peso la lógica proposicional –y de conjuntos matemáticos-

Del lado hombre de las fórmulas tenemos que “todo x se define por medio de la función fálica” y del otro lado (el femenino) tenemos que “no-toda mujer se inscribe en esta función”, por lo tanto del lado femenino no hay un universal articulable (O sea, “no-todo” en tanto conjunto entra en la función fálica, ni “toda ella” está sujeta a la función fálica). Dirá Lacan que ella esconde un goce diferente al goce fálico, ese goce llamado estrictamente femenino, que no depende en absoluto de aquel” (pag100)

Este no-toda, es lo que vuelve a su goce dual: participa del goce fálico y de un goce hétero que además se presenta sin límite, por no tener excepción -como el goce fálico del lado masculino de las fórmulas-; que tiene la excepción de al menos uno que escapa a la castración. Es esa excepción la que da un límite y constituye lógicamente al conjunto como un todo- (tiene una excepción que lo delimita en la lógica de los conjuntos)

El sin límite femenino y la actualidad

En el artículo “Las bodas con la pulsión” publicado en el boletín Microscopía de marzo de 2013 Enrique Acuña articulaba este sin límite femenino con la subjetividad de nuestra época, caracterizada por el empuje al consumo y a un consumo que parece no poder ser detenido. Retomaba la frase de “Televisión” sobre la elevación al cenit social del objeto a” para ubicarnos en la época de la tecno-ciencia que brinda objetos técnicos que dan satisfacciones sustitutivas. Una época en la que no prevalecen los ideales sobre los sufrimientos y satisfacciones de cada uno. La cultura ya no domestica las pulsiones, o dicho de otro modo ya no funciona de límite, por eso justamente se habla de una feminización de la época. Él ahí plantea un efecto de péndulo, que es lo que me interesa remarcar, entre el empuje a un infinito de consumo de goce-sentido y un efecto de reacción frente a esto. En la reacción tenemos la ideología de la evaluación (que plantea Milner) con su propuesta de nuevas clases y leyes que intentan nombrar/ limitar esa multiplicidad de goces.

Nombrar ese exceso de goce que empuja (tanto al sujeto como a la misma tecno-ciencia) es el intento por metaforizarlo, lo que permitiría introducirlo en una lógica universal, una lógica fálica.  Esto fracasa, ya que no es posible detener ese plus metonímico del goce…ese Otro goce nombrado por Lacan como propiamente femenino, pero presente en el ser hablante más allá de su posicionamiento sexual.

Cuanto más se impone la lógica del “para todos”, más reaparece la lógica del “no todo” como intolerable: versión del racismo, en muchos casos contra las mujeres ejercida tanto por hombres como por las propias mujeres.

Frente a esto, el psicoanálisis propone acceder a un saber sobre este Otro goce que empuja todo el tiempo a más goce-sentido, propone escuchar vía el relevo que brinda la transferencia ese “no-todo” femenino que hay en cada uno y que siempre se presenta como Otro para sí mismo.

Leer a Alemán (Sobre el libro: Horizontes Neoliberales de la subjetividad)

Por Leonardo Vera

 

Leer a Jorge Alemán es la experiencia de pensar en los límites por los que el psicoanálisis se afirma como doctrina. Es afrontar las consecuencias de las ideas ya libres del sujeto que las enuncia. Cierta dimensión poética se activa en nosotros por esa relación a la lengua con que Alemán enfrenta lo complejo, eso que nos deja fuera junto a él, fuera de la teoría-sistema y como refugio que garantizaría cierta inmunidad. Ya no estamos a salvo de esas ideas, las de ese Otro, el filósofo. Los Pensadores, esos autores de obras que nadie alcanza del todo. Entendemos que quisieron conservar en sus modos particulares de enunciación con el estilo que los cifra, la complejidad que los hacía inexpugnables. Pero Jorge Alemán los desnuda, los piensa a partir sus axiomas y acepta hacerlos concluir en un juicio que cierne en una frase, en su intento hacer avanzar las ideas y avanza con ellos. Supone que conocemos el sistema o marco teórico que los sostiene, se desentiende de las explicaciones comprensivas. Sabe que si llegamos hasta aquí es porque los nombres que invoca atrapan las ideas y eso basta. Confía en el discernimiento del lector, y eso pasa poco ahora… Lo que se nos presenta es el pensamiento libre de los ornamentos de Yo. Nos dice que es así porque lo anima la prisa con que lo “real” acelera la realidad. Son sus reflexiones sobre la marcha de las cosas.

Su axiomática es sencilla y la usa para balizar el territorio del Pensamiento. Nos dice, por ejemplo que cuando se trata del orden simbólico del lenguaje en sus distintas variantes y modos de comparecencia, siempre se deben distinguir dos dimensiones distintas en dicho orden. El orden estructural u ontológico del lenguaje con respecto a la constitución del sujeto que lo precede, y que éste exige ser distinguido de la dominación construida de una forma socio-histórica. Lo que le permite concluir que “Actualmente el Neoliberalismo disputa el campo del sentido, la representación y la producción biopolítica de la subjetividad.” Esta caracterización del Capitalismo en su nuevo modo de producción Neoliberal, como forma de opresión y régimen de dominación, es radicalmente distinto a lo que hemos conocido. No requiere de una formación exterior. Aparecerá produciendo subjetividades, porque el mercado funcionará como un dispositivo que se nutre de una permanente presión que impacta sobre las vidas, marcándolas con el deber de construir una vida feliz y realizada. Se instala en la dimensión clínica con la que tenemos que tratar desde el psicoanálisis. “La depresión como epidemia, el consumo adictivo de fármacos, el hedonismo depresivo de los adolescentes, las patologías de la responsabilidad desmedida, el sentimiento irremediable de estar en falta, la asunción como “problema personal” de aquello que es un hecho estructural del sistema de dominación, confirma la primacía del yo y los distintos relatos de “autorealización”.”

Entonces la clínica aparecerá ligada a la dimensión política. Porque la política Neoliberal, se disimula como consenso, y está sostenida en el consumo, en la inclusión en el mercado prescindiendo de mediación alguna. Lo que fundamenta -es importante destacar- en el debate y discrepancia con E. Laclau y su teoría de de la Hegemonía, en tanto a diferencia de éste Jorge Alemán destaca que esta mutación del Capitalismo actual que es el Neoliberalismo, no constituye Hegemonía (la discusión es ardua y atraviesa las inconsistencias en el fundamento de la lógica). La consumación que alcanzan los medios de producción de subjetividad, hará que la política aparezca desconectada de la vida real. Es entonces que aparece la operación del analista, la función del psicoanálisis que deberá apropiarse de su dimensión ontológica, provisto de un concepción del sujeto y de lo real, que es imposible suturar por ser el único discurso que no se desentiende de la falla, de la falta, de lo no dialectizable del goce, ni de la división constituyente del sujeto.

Nos recuerda que en la teoría de Lacan que el sujeto no es la subjetividad, y que esta diferencia es fundamental para entender la modalidad que denuncia. Dicho en nuestras palabras, porque amor, demanda y deseo no se subsumen en los dispositivos que disciplinan la sexualidad. Que existe un sujeto que no se somete a la muerte pero acepta la finitud, no sucumbe a los ideales porque se sostiene en la tensión entre el ideal del yo y el yo ideal, etc.

Ejemplos de su decir:

“Sostener, [como hace el surcoreano Byung Chul-Han], que en el Neoliberalismo ya no hay inconsciente es confundir el plano óntico-empírico de la producción de subjetividades, con la brecha, la ruptura ontológica que el inconsciente implica. Una vez más no todo es apropiable por el Capital, al menos si deseamos seguir pensando lo político. Desde mi punto de vista, la confusión primera proviene de no distinguir el historicismo del lugar del a “historicidad”. En lo que hace a la existencia hablante, sexuada y mortal siempre se trata de historicidad.”

Sólo la enseñanza de Lacan nos autoriza por nuestro legado simbólico a reconocer el juicio que sobre lo político él mismo vehiculiza, y que no puede ser entregado a los procedimientos de producción de subjetividad contemporánea afines al Capital.

Para concluir la apertura a su lectura:

“Los lacanianos que votan a la derecha Neoliberal no se equivocan con respecto a Lacan. En todo caso entienden que el psicoanálisis solo puede vivir en el sueño liberal del grado cero de lo político, o se equivocaron o desean “equivocarse” con respecto a su propia nación y la suerte de su pueblo. Y a la larga, en una lectura más afinada, con la futura existencia del psicoanálisis.”

 

Miramar, 30 de agosto de 2017

Actualidad de la pulsión de muerte en las guerras de religiones: ¿qué dicen los psicoanalistas?(*)

Por Daniela Ward

 

El poder de la agresión no fue un secreto para Freud antes de 1914. Sin embargo, la guerra marca a fuego el descubrimiento de la pulsión de muerte aislando definitivamente otro dominio, ya que no es lo mismo que la agresividad que queda subsumida a lo imaginario. Son los sueños de las neurosis de guerra los que remontan a los pacientes al momento traumático: es la guerra como trauma al que se vuelve, más allá del principio de placer. La pulsión de muerte es uno de los conceptos más rechazados dentro del psicoanálisis. Incluso, de la mano de Freud a la altura de la Segunda Guerra, destierra por completo la concepción de la inocencia natural del mito del origen de Rousseau y rechaza la suposición de que serían la educación y la cultura las que vendrían a influenciar al hombre, poniendo en valor la satisfacción de las pulsiones que vuelve inoperante cualquier influencia. El odio nace de esa oscura pulsión que Freud consideró elemento esencial de la vida psíquica. La lucha entre Eros y Thanatos determina cada vida en su singulari­dad, pero también el devenir de la humanidad. Podríamos decir que cuando la acción destructiva de Thanatos se encuentra con el límite que le impone Eros, las cosas no van del todo mal pero hay momentos en que ese equilibrio se pierde, el nudo entre ambas fuerzas se deshace, y enton­ces podemos prepararnos para lo peor. Cuando la pulsión de muerte se libera, el sujeto puede verse arrastrado a la destrucción en todas sus manifestaciones, desde el suicidio hasta la guerra.

Hay que conducir nuestra atención al hecho de que la pulsión de muerte es la civilización misma, razón que queda explicitada, entre otras cosas, porque las guerras nunca se detuvieron. La pre­sentificación de la pulsión de muerte en nuestra época se da por las guerras de religiones que, tal como fue explicado por Enrique Acuña el sábado 19 de agosto en el Seminario Las escrituras del goce femenino -Psicoanálisis y Literatura-, son ancestrales y a partir del cristianismo se han su­cedido hasta la actualidad. Es la paz la que se convierte en un sueño, un ideal inexistente en ningún lazo social. Asistimos a un período confuso donde la ciencia produce un real sin sentido y son las religiones las que proponen sentidos. Es imprescindible leer el artículo de la entrevista dada por Lacan en 1974 y titulado por Jacques-Alain Miller El triunfo de la religión. Sin olvidar que estas nuevas formas, integristas, de las religiones monoteístas, no operan a partir del Nombre del Padre sino del superyó como modo único de identificación. En el texto de 1946, sobre La psi­quiatría inglesa y la guerra, Lacan lo anuncia. (1)

En La batalla final, texto de Miquels Bassols que pueden leer en la página de la AMP, el autor re­fiere que los fundadores del Estado Islámico han nombrado este momento como final para situar el necesario e inevitable pasaje hacia el Otro lugar. Y en esta batalla final, la ciudad siria de Da­biq, cerca de Alepo, es el lugar en el que según la tradición se librará la batalla decisiva contra los del Otro lugar que se creen a salvo de ella. Ante esta certeza, la vida vale exactamente lo que vale el pasaje al Otro lado. Y puede ser muy poco, sólo el pellizco que se siente en el cuerpo al apretar el botón del chaleco-bomba y hacerlo explotar en medio de la multitud. El autor plantea que podemos llamarlo religión, pero sería un error creer que es algo “parecido y simétrico a ‘nuestra religión’ —aun la que no sabemos que profesamos—, y que finalmente en todo esto se trata de una guerra de religiones, incluso si lo llamamos ‘modos de vida’”. Siguiendo los aconte­cimientos y los hechos actuales de público conocimiento, más bien parece tratarse de un “modo de morir” que está muy lejos de lo que la mentalidad occidental ha instalado como pensamiento durante siglos para dar un sentido a lo real de la muerte. En esto el yihadista gana de entrada, porque este pasaje al Otro lado es para él un privilegio y un placer.

Para lo desarrollado en las líneas anteriores sigue siendo referencia la clase del sábado 19 de agosto pasado, donde Enrique Acuña, a partir del análisis del héroe trágico de la mano de Antí­gona, explica el franqueamiento de lo bello, cierta realización del bien que está determinando el acceso al reino de los dioses –el franqueamiento del deseo al goce, concluyente como deseo es­clarecido-,donde se subraya el pasaje posible de la fascinación primera al deseo aclarado en el franqueza del límite. Antígona nos enseña sobre “la excepción”, la pasión por la excepcionalidad en juego donde predomina la pulsión que es pulsión de muerte: “El goce se realiza en la muerte o el crimen, en el más allá de la barrera del placer, es decir la franquea. En este punto está Antí­gona, ella es una excepción a la norma”. (…) “El problema a esta altura del desarrollo exige plantear que ese deseo es un deseo de muerte: ella no puede matar a su hermano y se mata en nombre de su hermano” (el hímerosenargés). Es clave el “entre dos muertes” que expresa la muerte civil: ella ya no está en la ciudad, es el alma muerta antes que el cuerpo. La prohibición del entierro –ritual funerario-, de parte de Creonte le prohíbe el acceso al Hades, al reino de los dioses, y esa prohibición conlleva la imposibilidad que  el crimen tenga ese más allá ligado a cierta realización del bien que sería religioso porque implica el acceso a los dioses. La contingen­cia de la respuesta –reponse– puede llevar al miedo o a responder con el odio al goce del otro. Lacan nos ilustra sobre ello cuando define al racismo como el  atacar el símbolo del otro, el goce del otro es su signo de su goce. Entonces, atacar el rito religioso, evitar el ritual funerario es apuntar a lo simbólico, no es matar –casi podríamos decir, simplemente-, es prohibir el ritual que abre la puerta al Hades, la morada de los dioses. Tal presentificación actual de la pulsión de muerte por las guerras de religiones implica poner el punto de mira en el fundamentalismo reli­gioso, en  las guerras de religiones que son ancestrales y se distinguen del terrorismo que surge recién en el siglo 20.

Retomando el artículo de E. Laurent, sugerido también en ocasión de la clase del seminario men­cionado y escrito luego de Le Bataclan bajo en nombre Urgencias subjetivas de la guerra en tiempos de paz-(3), del que tomamos específicamente, la versión traducida por Martín Gómez,  podemos asistir a los finos detalles plenos de vocablos específicos en el rico simbolismo religioso, imposibles de ser reemplazados por la pérdida que conllevan en el entramado de significaciones simbólicas. Por ejemplo, el rito de dar muerte a alguien con un arma blanca señalado por el tra­ductor en la utilización de un término proveniente del argot, zigouiller, con sus acepciones en el cortar, decapitar definen la especificidad del tema en todo un entramado de significaciones inelu­dibles. Se puede seguir en estas líneas las tres maneras de vivir la pulsión después del trauma donde la reacción de cada uno se cruza con una lógica de muchedumbre en acción y también hay un esbozo de “las intermitencias de la pulsión de muerte” que trata de ganarle  a los misterios del horror, abriendo los interrogantes que empujan a responder.-

 

(*) Comentario de la clase del 19/8/2017 del Seminario Las escrituras del goce femenino -Psicoanálisis y Literatura- dictado por Enrique Acuña.

Ver http//seminarioacunia2017.wordpress.com

 

Notas:

(1) Lacan, Jacques: Otros Escritos: “La psiquiatría inglesa y la guerra”. Editorial Paidos, 2012. Pág. 131

(2) XIV Jornadas de EPL. Crisis. Qué dicen los psicoanalistas?. 16 de noviembre de 2015.-

(3) Laurent, Eric: artículo publicado en Lacan Quotidien 2015.- n° 545, del 19 de noviembre de 2016. http://www.lacanquotidien.f