Un deseo de Poesía

Por Mara Vascchetta Boggino

 

Les confieso que me reconozco en todas las reflexiones a las que arribó Lacan sobre el deseo del analista.

Creo que todos vivimos esa  experiencia cuando los dichos del analizante nos fertilizan, nos fecundan. Me parece que la mejor manera de acceder a ese estado de Libertad, de desembarazarnos de nuestras identificaciones más acendradas, es en la lógica del objeto “a”, procurando así, la “diferencia absoluta”.

La esencia de la Verdad es la libertad, dice Heidegger, libertad que posee al hombre y que hace posible la Verdad como descubrimiento del ente, por medio del cual tiene lugar la apertura”.

No me parece ajeno tampoco el pensamiento de Bergson a propósito que el deseo del analista sea “deseo de saber”. Porque el saber a qué atenerse ( sea de parte del analista o del analizante), salva al hombre del naufragio de la vida.

“El humano está obligado al saber, pues éste es el acto que le salva del naufragio de la existencia”, dice Bergson.

Creo también que esta libertad absoluta (bah… absoluta es una meta a procurar, no algo lograble) es la mejor predisposición para sumergirnos en la Verdad, la verdad del Otro.

Permítanme que les recuerde que los griegos creían que la Verdad era “descubrimiento”: la Verdad del ser, como oculto por el velamiento de la apariencia. La Verdad es patencia (cualidad ó condición de lo que es patente ó manifiesto). Para Platón la Verdad se aplica primero a la cosa. Y entonces Heidegger acusa a Aristóteles (para quien no hay Verdad sin enunciado, fuente del “adecuatio rei et intellectus”, de los escolásticos) acusa que por su causa, Occidente perdió la posibilidad de sumergirse en la fuente ,para que desnudos seamos permeados por el Ser.

Entonces creo que “somos ahí donde no pensamos” y a la hazaña de bucear por esos arcanos, es a la que nos invita Lacan al pretender la diferencia absoluta. Porque lo “Real” está fuera del ordenamiento del significante, algo del orden de lo inhumano. En mi experiencia tanto como paciente o como analista, el forzamiento, la transgresión, no  fueron sin el significante, pero tampoco sin la ayuda de los dioses!

  Si  Poesía es darle por primera vez un nombre a las cosas, creo que el analista en la más absoluta libertad que alcance, llega hasta las oleadas del goce imposible de su analizante y hace poesía. Y acá, no hay Comités de Etica del Otro de no existe que sea válido. Si el analista logra la división subjetiva del Otro, nombrando su goce, es analista. Si saca encima del pantano, el dedo levantado  del San Juan de Leonardo para señalarle al otro  el horizonte deshabitado del ser.

Por eso creo que la Poesía, como dice Hölderlin, es el fundamento de nuestra existencia.

Y lo dicen también los guaraníes según nos cuenta León Cadogan en Ayvú Rapytâ refiriéndose al habla : “Nuestro padre hizo que se abriera como una flor, la palabra fundamental”.                                

Creo entonces que el poeta y el guaraní habitan una experiencia religiosa. Y al analista entre la Tecnociencia y el Capitalismo,  le es dada la misión de que los Dioses -lo inconsciente- no huyan todavía y tal vez pueda traérnoslos de vuelta!

En este contexto recién se entiende a Lacan cuando dice “El analista cura menos por lo que hace que por lo que es”.

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