De la pulsión a-sexual al goce femenino

Por Leticia García

 

Inconsciente y pulsión

El inconsciente freudiano en tanto sistema, siempre estuvo formado por “contenidos” que no eran otra cosa que los “representantes de las pulsiones” (Freud los llamaba “representantes-representativos”). Las pulsiones situadas en el límite entre lo somático y lo psíquico, se expresaban vía las formaciones del inconsciente.

En cambio Lacan al comienzo de su enseñanza (1953), resitúa el valor perdido de dichas representaciones, devolviéndole la centralidad a lo simbólico en la experiencia del psicoanálisis con la función de la palabra en el campo del lenguaje. Da un estatuto estructural al inconsciente con su combinatoria significante, separando al sujeto del yo y ubicando a la pulsión con sus objetos por fuera del registro simbólico, en el registro de lo imaginario y obstruyendo el acceso al inconsciente. Esta conceptualización desarticulaba a la pulsión de lo inconsciente simbólico, con el riesgo de volver a la experiencia analítica una mayeútica.

Diez años después, en el Seminario 11, Los cuatro conceptos fundamentales (1964) Lacan planteará la realidad del inconsciente como sexual. Una sexualidad que sólo se realiza por el pasaje de las pulsiones siempre parciales por las redes significantes. Acá entra en función el cuerpo, como un aparejo con orificios donde empalma el vacío que recorta la pulsión en su circuito (objeto a) con la hiancia del inconsciente.  Cito: Pues bien, la pulsión desempeña su papel en el funcionamiento del inconsciente debido a que algo en el aparejo del cuerpo está estructurado de la misma manera, debido a la unidad topológica de las hiancias en cuestión.” (pág 188) Las pulsiones, en tanto que parciales, no ordenan modalidades de goce que permitan nombrarse/identificarse como hombre o como mujer.

El objeto a es a-sexual por estar más allá de la lógica fálica: es un resto que se volverá (en la enseñanza de Lacan) un plus, éxtimo al sujeto.

Vuelvo un momento a Freud para recordar lo que señala sobre la libido, que es siempre masculina y activa, volviéndose un problema ubicar la sexualidad femenina. Es  ahí donde se introduce el mito Edípico para poder dar razones de la construcción de la sexualidad con las distintas salidas para hombres y mujeres (estas últimas presentando diferentes posibilidades)

Enrique Acuña en la clase del 23 de agosto de su Curso Anual “Lacan y las mujeres-Psicoanálisis y feminidad” recordaba el valor que da Lacan al mito en el Seminario 11: la pulsión requiere del mito como montaje significante para velar lo real – real que continúa definiendo como imposible-. La pulsión mitifica lo real y nos da acceso a él.  Pero los mitos, además, al estar situados en el campo del Otro (con mayúscula), establecen cómo vivir la pulsión, es decir, qué hacer como hombre o como mujer. El gran mito en relación a esto es el del Edipo dirá Lacan a esta altura (con el eje en la castración). Se tratará entonces, de situarse en relación a un significante privilegiado, que vela la falta, que es el significante fálico: como teniéndolo o siéndolo. Pero lo que quiero remarcar es que todo sujeto encuentra la causa de su deseo, el objeto a, en el Otro.

En “La significación del falo” (1958), leemos: “decimos que es para ser el falo, es decir el significante del deseo del Otro, para lo que la mujer va a rechazar una parte esencial de la feminidad, concretamente todos sus atributos en la mascarada. Es por lo que no es por lo que pretende ser deseada al mismo tiempo que amada. Pero el significante de su deseo propio lo encuentra en el cuerpo de aquel a quien dirige su demanda de amor.”

“El hombre sirve de relevo para que la mujer se convierta en ese Otro para sí misma, como lo es para él.” (Escribe en “Ideas directivas para un congreso sobre la sexualidad femenina”-1960 -pág. 711) Ser Otro para sí-misma, Otro que contiene su objeto causa de deseo. Es decir, la mujer requiere del relevo del hombre para poder saber sobre ese real –objeto a- que experimenta. “amo en ti algo más que tú -el objeto a minúscula-.”

Dualidad del goce femenino

A la altura del Seminario 19…o peor( 1971/72) Lacan ya introdujo la equivalencia entre inconsciente y pulsión, estos dos términos tienen un origen común como efecto de la incorporación de la palabra en el cuerpo, en tanto los propone como “afectos somáticos de lalengua” (todo junto). El encuentro de lo simbólico con el cuerpo ( carne o viviente) desprende al objeto a, como un efecto de goce-sentido –ya no separados o divergentes y opuestos como al comienzo de su enseñanza-.

Y encontramos el comienzo de la escritura de las fórmulas de la sexuación alrededor  de la pregunta ¿Cómo se relaciona el universal hombre con el universal mujer? pregunta que tiene como telón de fondo el planteo de la no existencia de la relación sexual. Dirá que: Lo que sí los relaciona es el hecho de que en ambos lados de la fórmula está jugándose la función Phi mayúscula ( f de x ). Esto quiere decir que “Lo relativo al registro del acto sexual depende de la función fálica” (pag 98). Entonces, si siempre hay función fálica, entonces con qué o cómo diferenciar a ambos partenaires? Acá comienza a tomar cada vez más peso la lógica proposicional –y de conjuntos matemáticos-

Del lado hombre de las fórmulas tenemos que “todo x se define por medio de la función fálica” y del otro lado (el femenino) tenemos que “no-toda mujer se inscribe en esta función”, por lo tanto del lado femenino no hay un universal articulable (O sea, “no-todo” en tanto conjunto entra en la función fálica, ni “toda ella” está sujeta a la función fálica). Dirá Lacan que ella esconde un goce diferente al goce fálico, ese goce llamado estrictamente femenino, que no depende en absoluto de aquel” (pag100)

Este no-toda, es lo que vuelve a su goce dual: participa del goce fálico y de un goce hétero que además se presenta sin límite, por no tener excepción -como el goce fálico del lado masculino de las fórmulas-; que tiene la excepción de al menos uno que escapa a la castración. Es esa excepción la que da un límite y constituye lógicamente al conjunto como un todo- (tiene una excepción que lo delimita en la lógica de los conjuntos)

El sin límite femenino y la actualidad

En el artículo “Las bodas con la pulsión” publicado en el boletín Microscopía de marzo de 2013 Enrique Acuña articulaba este sin límite femenino con la subjetividad de nuestra época, caracterizada por el empuje al consumo y a un consumo que parece no poder ser detenido. Retomaba la frase de “Televisión” sobre la elevación al cenit social del objeto a” para ubicarnos en la época de la tecno-ciencia que brinda objetos técnicos que dan satisfacciones sustitutivas. Una época en la que no prevalecen los ideales sobre los sufrimientos y satisfacciones de cada uno. La cultura ya no domestica las pulsiones, o dicho de otro modo ya no funciona de límite, por eso justamente se habla de una feminización de la época. Él ahí plantea un efecto de péndulo, que es lo que me interesa remarcar, entre el empuje a un infinito de consumo de goce-sentido y un efecto de reacción frente a esto. En la reacción tenemos la ideología de la evaluación (que plantea Milner) con su propuesta de nuevas clases y leyes que intentan nombrar/ limitar esa multiplicidad de goces.

Nombrar ese exceso de goce que empuja (tanto al sujeto como a la misma tecno-ciencia) es el intento por metaforizarlo, lo que permitiría introducirlo en una lógica universal, una lógica fálica.  Esto fracasa, ya que no es posible detener ese plus metonímico del goce…ese Otro goce nombrado por Lacan como propiamente femenino, pero presente en el ser hablante más allá de su posicionamiento sexual.

Cuanto más se impone la lógica del “para todos”, más reaparece la lógica del “no todo” como intolerable: versión del racismo, en muchos casos contra las mujeres ejercida tanto por hombres como por las propias mujeres.

Frente a esto, el psicoanálisis propone acceder a un saber sobre este Otro goce que empuja todo el tiempo a más goce-sentido, propone escuchar vía el relevo que brinda la transferencia ese “no-todo” femenino que hay en cada uno y que siempre se presenta como Otro para sí mismo.

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