Actualidad de la pulsión de muerte en las guerras de religiones: ¿qué dicen los psicoanalistas?(*)

Por Daniela Ward

 

El poder de la agresión no fue un secreto para Freud antes de 1914. Sin embargo, la guerra marca a fuego el descubrimiento de la pulsión de muerte aislando definitivamente otro dominio, ya que no es lo mismo que la agresividad que queda subsumida a lo imaginario. Son los sueños de las neurosis de guerra los que remontan a los pacientes al momento traumático: es la guerra como trauma al que se vuelve, más allá del principio de placer. La pulsión de muerte es uno de los conceptos más rechazados dentro del psicoanálisis. Incluso, de la mano de Freud a la altura de la Segunda Guerra, destierra por completo la concepción de la inocencia natural del mito del origen de Rousseau y rechaza la suposición de que serían la educación y la cultura las que vendrían a influenciar al hombre, poniendo en valor la satisfacción de las pulsiones que vuelve inoperante cualquier influencia. El odio nace de esa oscura pulsión que Freud consideró elemento esencial de la vida psíquica. La lucha entre Eros y Thanatos determina cada vida en su singulari­dad, pero también el devenir de la humanidad. Podríamos decir que cuando la acción destructiva de Thanatos se encuentra con el límite que le impone Eros, las cosas no van del todo mal pero hay momentos en que ese equilibrio se pierde, el nudo entre ambas fuerzas se deshace, y enton­ces podemos prepararnos para lo peor. Cuando la pulsión de muerte se libera, el sujeto puede verse arrastrado a la destrucción en todas sus manifestaciones, desde el suicidio hasta la guerra.

Hay que conducir nuestra atención al hecho de que la pulsión de muerte es la civilización misma, razón que queda explicitada, entre otras cosas, porque las guerras nunca se detuvieron. La pre­sentificación de la pulsión de muerte en nuestra época se da por las guerras de religiones que, tal como fue explicado por Enrique Acuña el sábado 19 de agosto en el Seminario Las escrituras del goce femenino -Psicoanálisis y Literatura-, son ancestrales y a partir del cristianismo se han su­cedido hasta la actualidad. Es la paz la que se convierte en un sueño, un ideal inexistente en ningún lazo social. Asistimos a un período confuso donde la ciencia produce un real sin sentido y son las religiones las que proponen sentidos. Es imprescindible leer el artículo de la entrevista dada por Lacan en 1974 y titulado por Jacques-Alain Miller El triunfo de la religión. Sin olvidar que estas nuevas formas, integristas, de las religiones monoteístas, no operan a partir del Nombre del Padre sino del superyó como modo único de identificación. En el texto de 1946, sobre La psi­quiatría inglesa y la guerra, Lacan lo anuncia. (1)

En La batalla final, texto de Miquels Bassols que pueden leer en la página de la AMP, el autor re­fiere que los fundadores del Estado Islámico han nombrado este momento como final para situar el necesario e inevitable pasaje hacia el Otro lugar. Y en esta batalla final, la ciudad siria de Da­biq, cerca de Alepo, es el lugar en el que según la tradición se librará la batalla decisiva contra los del Otro lugar que se creen a salvo de ella. Ante esta certeza, la vida vale exactamente lo que vale el pasaje al Otro lado. Y puede ser muy poco, sólo el pellizco que se siente en el cuerpo al apretar el botón del chaleco-bomba y hacerlo explotar en medio de la multitud. El autor plantea que podemos llamarlo religión, pero sería un error creer que es algo “parecido y simétrico a ‘nuestra religión’ —aun la que no sabemos que profesamos—, y que finalmente en todo esto se trata de una guerra de religiones, incluso si lo llamamos ‘modos de vida’”. Siguiendo los aconte­cimientos y los hechos actuales de público conocimiento, más bien parece tratarse de un “modo de morir” que está muy lejos de lo que la mentalidad occidental ha instalado como pensamiento durante siglos para dar un sentido a lo real de la muerte. En esto el yihadista gana de entrada, porque este pasaje al Otro lado es para él un privilegio y un placer.

Para lo desarrollado en las líneas anteriores sigue siendo referencia la clase del sábado 19 de agosto pasado, donde Enrique Acuña, a partir del análisis del héroe trágico de la mano de Antí­gona, explica el franqueamiento de lo bello, cierta realización del bien que está determinando el acceso al reino de los dioses –el franqueamiento del deseo al goce, concluyente como deseo es­clarecido-,donde se subraya el pasaje posible de la fascinación primera al deseo aclarado en el franqueza del límite. Antígona nos enseña sobre “la excepción”, la pasión por la excepcionalidad en juego donde predomina la pulsión que es pulsión de muerte: “El goce se realiza en la muerte o el crimen, en el más allá de la barrera del placer, es decir la franquea. En este punto está Antí­gona, ella es una excepción a la norma”. (…) “El problema a esta altura del desarrollo exige plantear que ese deseo es un deseo de muerte: ella no puede matar a su hermano y se mata en nombre de su hermano” (el hímerosenargés). Es clave el “entre dos muertes” que expresa la muerte civil: ella ya no está en la ciudad, es el alma muerta antes que el cuerpo. La prohibición del entierro –ritual funerario-, de parte de Creonte le prohíbe el acceso al Hades, al reino de los dioses, y esa prohibición conlleva la imposibilidad que  el crimen tenga ese más allá ligado a cierta realización del bien que sería religioso porque implica el acceso a los dioses. La contingen­cia de la respuesta –reponse– puede llevar al miedo o a responder con el odio al goce del otro. Lacan nos ilustra sobre ello cuando define al racismo como el  atacar el símbolo del otro, el goce del otro es su signo de su goce. Entonces, atacar el rito religioso, evitar el ritual funerario es apuntar a lo simbólico, no es matar –casi podríamos decir, simplemente-, es prohibir el ritual que abre la puerta al Hades, la morada de los dioses. Tal presentificación actual de la pulsión de muerte por las guerras de religiones implica poner el punto de mira en el fundamentalismo reli­gioso, en  las guerras de religiones que son ancestrales y se distinguen del terrorismo que surge recién en el siglo 20.

Retomando el artículo de E. Laurent, sugerido también en ocasión de la clase del seminario men­cionado y escrito luego de Le Bataclan bajo en nombre Urgencias subjetivas de la guerra en tiempos de paz-(3), del que tomamos específicamente, la versión traducida por Martín Gómez,  podemos asistir a los finos detalles plenos de vocablos específicos en el rico simbolismo religioso, imposibles de ser reemplazados por la pérdida que conllevan en el entramado de significaciones simbólicas. Por ejemplo, el rito de dar muerte a alguien con un arma blanca señalado por el tra­ductor en la utilización de un término proveniente del argot, zigouiller, con sus acepciones en el cortar, decapitar definen la especificidad del tema en todo un entramado de significaciones inelu­dibles. Se puede seguir en estas líneas las tres maneras de vivir la pulsión después del trauma donde la reacción de cada uno se cruza con una lógica de muchedumbre en acción y también hay un esbozo de “las intermitencias de la pulsión de muerte” que trata de ganarle  a los misterios del horror, abriendo los interrogantes que empujan a responder.-

 

(*) Comentario de la clase del 19/8/2017 del Seminario Las escrituras del goce femenino -Psicoanálisis y Literatura- dictado por Enrique Acuña.

Ver http//seminarioacunia2017.wordpress.com

 

Notas:

(1) Lacan, Jacques: Otros Escritos: “La psiquiatría inglesa y la guerra”. Editorial Paidos, 2012. Pág. 131

(2) XIV Jornadas de EPL. Crisis. Qué dicen los psicoanalistas?. 16 de noviembre de 2015.-

(3) Laurent, Eric: artículo publicado en Lacan Quotidien 2015.- n° 545, del 19 de noviembre de 2016. http://www.lacanquotidien.f

 

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