De Posición del Inconsciente

Por Daniela Gaviot

Posición del Inconsciente es un texto que recoge una reconstrucción de las intervenciones de Lacan en el Congreso de Bonneval que reunió psicoanalistas y filósofos para debatir sobre el tema del inconsciente freudiano, en 1960. A pedido de Henri Ey  en marzo de 1964 Lacan escribió sobre aquellas intervenciones para que ello fuera publicado en un libro que se llamó El inconciente. La versión final, con sustantivas modificaciones fue publicada en los Escritos en 1966.

Cabe señalar que el contexto de su escritura coincide con lo que él denominó su excomunión de la IPA ocurrida a fines de 1963 y dos meses después de haber iniciado el dictado de su Seminario 11 Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis y poco antes de la fundación de su Escuela. De este modo Posición del inconsciente conmina a cada uno a tomar una posición frente a su enseñanza en torno a la formación de los analistas, y como lo anuncia en la primera clase del Seminario 11 a sostener una praxis que implique el tratamiento de lo real vía lo simbólico.

Surge allí el inconsciente como pulsación temporal, se abre y se cierra describiendo una estructura de borde que para Miller a esta altura de la enseñanza de Lacan implica homogeneizar el inconsciente a las zonas erógenas. Y es a partir de la experiencia de cierre que propone a los psicoanalistas abrir el debate sobre la causa del sujeto y en esta vía intento localizar el encuentro de la pulsión con lo real.

Al referirse en este escrito a la constitución del sujeto presenta una primera dupla: el Sujeto y el Otro. Existe un sujeto a partir de un Otro que no es el semejante sino que es el lenguaje en términos de batería de significantes y describe una dinámica que implica que este sujeto se constituye en una doble causación y una doble falta. Para ello Lacan utiliza la lógica simbólica de los conjuntos a partir de dos operaciones fundamentales, la enajenación, aquí habla de enajenación y no de alienación como en el Seminario 11,  y la separación. A la primera enseñanza de Lacan que explica al sujeto como efecto de la cadena significante, acá se trata de la aparición del sujeto como efecto del objeto.

La primera operación, la enajenación es enunciada de la siguiente forma: “El significante produciéndose en el lugar del Otro… hace surgir allí al sujeto, del ser que todavía no tiene palabra, pero al precio de coagularlo. Lo que había allí listo a hablar… desaparece por no ser ya más que un significante”.  La alienación oscila entre el,  o bien la petrificación a un significante, o bien la afanisis, cuando el segundo significante se le encadena. La estructura lógica de la enajenación es la de un vel,  que significa reunión.

Hay dos conjuntos, el ser y el sentido y un elemento en común el inconsciente como sin sentido. Al querer conservar una de las partes la otra desaparece igualmente,  ni lo uno ni lo otro. Si el sujeto elige el ser, pierde el sentido, y si elige el sentido, si acepta esa significación engendrada por un segundo significante, se produciría su afanisis y perdería el ser; la alienación se ordena en función del binarismo significante.

La separación, es la segunda operación en la que se cierra la causación del sujeto y que en lógica significa intersección o producto. “Para guarecerse del significante bajo el cual sucumbe en la enajenación, el sujeto ataca la cadena,  en su punto de intervalo.” El sujeto encuentra una falta en el Otro, en los intervalos del discurso del Otro, me dice eso pero ¿qué quiere?. El sujeto aprehende el deseo del Otro en lo que no encaja, en las fallas y “Lo que va a colocar allí es su propia carencia bajo la forma de la carencia que produciría en el Otro por su propia desaparición”.

El primer objeto que propone es su propia pérdida, ¿puede perderme?, superposición de faltas y como  producto de la intersección y resultado de la separación, surge el objeto a. Es en el intervalo entre S1 y S2  “que el sujeto hace la experiencia de Otra cosa”. En la intersección de la falta del sujeto y la falta del Otro, se introduce la pulsión, en ese lugar del vacío viene a inscribirse un objeto. Y es en Posición del inconsciente que formula el “mito de la laminilla” para nombrar a la libido y dar una articulación simbólica a lo  real.

Enrique Acuña plantea en “Un objeto irreal que sin embargo se encarna” del libro Las paradojas del objeto en psicoanálisis que Lacan inventa un nuevo mito que viene al lugar de lo inexplicable, al límite de lo conceptual y  lo opone al mito de Aristófanes en El banquete de Platon, que cuenta una época primitiva con tres sexos, el masculino, el femenino y un tercero, el andrógino del que participaban el masculino y el femenino; seres de forma esférica que fueron partidos en dos por castigo de los dioses y desde entonces cada mitad busca recuperar su complemento gemelar via el amor y la persecución de ese todo.  Mientras que el mito de Lacan explica que cada vez que se rompen las membranas del huevo de donde va salir el feto,  se escapa algo, la placenta, que con la sección del cordón lo que pierde el recién nacido es su complemento anatómico. La laminilla es esa parte del viviente que se  pierde  por estar sometido al ciclo de la reproducción sexual.

La libido lacaniana no es el amor del discurso de Aristófanes como una fuerza vinculante que va del yo al otro,sino que actúa entre el sujeto y su pérdida. Es lo que vincula el sujeto al objeto perdido, pero ese objeto no es el partenaire, no es la relación con el Otro sexo. Esta libido representa la matriz de este objeto perdido y todas las formas del objeto “a”  no son más que sus representantes, sus figuras.  Define a la libido como un órgano que se articula a la estructura de montaje de la pulsión en su recorrido de ida y vuelta. Un órgano que es irreal, que no es lo imaginario y que en Posición del inconsciente le da un estatuto real y causal:

“Este órgano…precede a lo subjetivo condicionándolo por estar directamente enchufado a lo real” y relaciona  la emergencia de la pulsión con la separación:

“Ese órgano de lo incorporal en el ser sexuado, eso es lo que del organismo el sujeto viene a colocar  en el tiempo en que opera una separación….vendrá a ese lugar el objeto que `pierde por naturaleza el excremento o  los soportes que encuentra para el deseo del Otro: su mirada, su voz” y la pulsión contorneará a esos objetos  para en ellos recuperar, restaurar su perdida original.

En el capítulo “Las migajas del goce”, del Curso de Miller La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica, dictado en 1998-99 presenta la alienación como una lógica de entrega de un sujeto del significante reducido a una falta de significante, esto es, el conjunto vacío, la introducción del objeto a responde a dicha  falta, lo que torna necesario sustituir el sujeto por el cuerpo vivo, el cuerpo sexuado. Por esta falta real, esa pérdida natural es posible incluir los objetos de la pulsión que colman esta pérdida de vida.

Allí donde estaba el sujeto vacío adviene el objeto perdido, como causa del deseo, como resto imposible de simbolizar, agujero frente a lo cual el psicoanálisis responde con la hipótesis del inconsciente, una hipótesis sobre lo causal de este elemento que quedó por decir.-

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