Producto consumidor (*)

Por Germán A. Schwindt.

La perspectiva del objeto del psicoanálisis ha sido configurado de diversas maneras en el transcurso de la enseñanza de Lacan, mantiene siempre su carácter paradojal, con esto quiero decir de tensión entre opuestos, no capturable ni por el sentido común, ni por la percepción, ni siquiera por el concepto. De hecho cuando Lacan tiene que hablar de sus conceptos fundamentales, el objeto no es uno de ellos, más bien esa su creación el objeto a, circula entre los conceptos, descompletándolos.

Tal articulación mencionada como montaje al referirse a la pulsión en el Seminario XI por Jacques Lacan leyendo a Freud, da cuenta de un funcionamiento en que no se trata de un montaje de satisfacción lograda por acceso a un objeto específico para la pulsión, de ahí que no se trate tampoco de una evolución progresiva de la vida pulsional, en vía de una satisfacción más adecuada que otra en términos evolutivos o normativizantes. La satisfacción dada por el recorrido en torno al objeto va más allá del placer en su mismo funcionamiento, produciendo un sujeto muy particular en su descentramiento, el sujeto acéfalo de la pulsión. Ese recorrido, desplazado de cualquier ciclo biológico se encuentra apoyado en el cuerpo, en tanto las zonas de borde remedan aquella doble función de órgano, que Freud remarcara ya en Una alteración psicogenética de la visión en 1910 recordarán el ejemplo de la boca del hambre que es la misma y otra que la del beso.

Ese cuerpo en que la pulsión se apoya, como concepto límite, Lacan lo denominará a esta altura de su Seminario como aparejo, en tanto discontinuidad insalvable introducida por el lenguaje incidiendo y perdiendo el organismo.

El sujeto acéfalo de la pulsión, efecto de su circuito no obtiene de ahí una identidad en la percepción a partir de una satisfacción lograda, no hace una comunidad con eso por medio de un objeto adecuado, sino ese sujeto queda desfasado en el circuito pulsional que precisa de algún objeto –tan insustancial como la voz, la mirada, etc- cumpliendo su meta en satisfacerse, de un modo muy particular no solo placentero, en torno a ese objeto que remeda la dimensión de lo perdido.

Lacan señala que esta expresión, la de subjetivación acéfala, tiene a un valor metafórico doble: una porque da por resultado la paradoja de hablar de un tipo de subjetivación sin sujeto, dirá: “un hueso, un trazado, que representa una faz de la topología.” Y segundo, en tanto el sujeto del cual está hablando está “agujereado y es vacío.

Así pues tomar la pulsión para hablar de consumos nos lleva por ese camino en el cual hay que deslindar la diferencia abisal entre el supuesto consumo de objetos sustancialmente consistentes y el consumo como circuito de un objeto que remeda lo perdido.

Publicado en Anamorfosis 5 y en su libro Resonancia y silencio –psicoanálisis y otra poéticas– a partir de un postgrado en la facultad de Periodismo de la UNLP en los fines de los 90, Enrique Acuña en “Políticas: del híbrido al capitalista y retorno” leyendo a Néstor García Canclini en Consumidores y ciudadanos –conflictos multicuturales de la globalización- (1995) subrayaba: “…el ciudadano del siglo pasado abdica su participación en la lucha de lo público para hacerse metáfora de un consumidor del siglo XXI, definido a partir de sus objetos de satisfacción”. Debemos recordar aquí en el surgimiento de los estados nación, sus constituciones mantenían una palabra clave de cuño benthamiano: la felicidad para la mayoría de sus poblaciones.

El amo moderno en su proyecto discursivo político cultural de la felicidad–y esto no es una palabra trivial sino absolutamente de importancia biopolítica, aún hoy- implica un proyecto que sentó las bases ideales en la unión, armonía y homogeneidad; desentendiéndose de cualquier diferencia o suprimíendola, con su consecuente carga etnocéntrica y apuntando a una asociación entre el ciudadano y su objeto, por medio de la idealización de placer logrado efectivamente alcanzado. Ese ciudadano ya antecedió al consumidor.

Una acepción del circuito de goce que Lacan llamara en una oportunidad discurso capitalista, puede leerse en el libro Vida de consumo del sociólogo Zygmunt Bauman –reiteradamente citado por su noción de “lo líquido”- en este libro agrega algunos elementos que vale la pena destacar, ya no en clave cultural sino económica.

El pasaje de los estados nación a las sociedades de consumo está caracterizado por la incidencia del mercado, en tanto ha habido en el transcurso del siglo XX posterior a la primera guerra mundial, una acelerada transformación de una sociedad de productores a una de consumidores, por medio de la reconversión del capital y el trabajo, en mercancía.

La sociedad de consumo no es una en la que se separan electores y lo elegido, sino que por el contrario de manera permanente y borrosa, hay una producción de subjetividades que no pueden pasar a ser consumidores sin antes entrar como producto que se ofrece al mercado –por caso laboral, cultural, informativo, profesional, etc- la producción de tal subjetividad hace de los individuos efectos de la lógica del valor de cambio, una mercancía más.

Dicho circuito se cerraría en que ese consumo en su relanzamiento permanente, no es posible de ser pensado con objetos que den un placer logrado y perdurable, muy por el contrario importa su caducidad programada y aquí nuestro interés analítico, cuando en su empalme con la vida pulsional, la sociedad de consumo, desconoce su motor, en tanto es un montaje que promoviendo, publicitando, felicidad y placer, debe asegurarse insatisfacer.

En otros términos el consumidor es un producto logrado más próximo del montaje pulsional de lo que pareciera, un efecto acéfalo, en tanto se obtendrá en un circuito sin ton ni son, en la futilidad de las identidades que ya ni siquiera se aferrarían a un objeto de consumo sea cual sea este. Dispositivos socioeconómicos articulados a la vida pulsional, no solo dadores de sentidos más o menos endebles, máscaras de placer y plenitud; sino fuertes incitaciones a un pendular en el más allá del principio del placer, entre lo pleno y lo vacío sin síntoma ni inconsciente.

(*)Extracto y reescritura de la intervención en las XXI Jornadas anuales de Pragma – APLP Psicoanálisis y vida pulsional -Todo el mundo es adicto al deseo- Viernes 4 de Diciembre 2015.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s